Hay lugares en los que uno al entrar por primera vez no puede evitar creer que ya ha estado antes allí, entonces rebusca en rincones de la memoria todos los escenarios similares posibles. Hay hogares donde uno se siente como en casa y a menudo éstos coinciden con parajes ajenos y azarosos. Hay cuartos en los que uno entra y es inevitable un extrañamiento, una comezón, la misma incomodidad hecha habitación. Hay sitios que parecen cambiar con nuestra presencia y sospechamos antónimas situaciones mientras no estamos, nunca lo probaremos porque la presencia no puede llegar antes que uno, ni quedarse hasta más tarde y tampoco es cuestión de andar confiando en testigos infieles.
El living de Rocío no es como ninguno de esos lugares. En el living de Rocío el desorden hermético y las combinaciones ridículas son insoportables. Todo el tiempo busca provocarte con una estética torpe: cortinas que chocan con las paredes, floreros que no se entienden con los ceniceros, cuadros desequilibrados como espejos retrasados. Los objetos amontonados convierten al living en un universo casual que no precisa de leyes para existir y esta absurda organización es su ley.
Muñecas de porcelana sentadas en el último estante de la biblioteca con los piecitos colgando al vacío, una mesa debajo de un vidrio que transparenta teléfonos de pizzerías y rapimotos, el televisor encendido en cualquier canal, un póster de Juan Pablo segundo, una silla mecedora y enclenque, un jarrón con la cara del Che: nada tiene que ver con nada. Es tanta la tensión que algunas cosas parecieran tener ganas de huir de ese lugar.
Pero eso no es suficiente para la provocación, también está la araña colgando del techo, el sofá con gomaespuma amarillenta chorreándole, las plantas de plástico exageradamente grandes y verdes. Están las sillas de cuero de vaca donde se sienta la madre gorda de Rocío y me cuenta cómo la nena pintó ella sola los cuadros de flores, bueno en Las Rosas la maestra la ayudó un poquito, pero solo en algunas partecitas, no como a otros chicos que a esta altura del año todavía no saben ni agarrar el pincel. En Los Girasoles también me ayudó má, dice Rocío y sí porque sos chiquita, pero. Las Madreselvas, Lapachos Floridos, Las Margaritas, Los Jazmines: los cuadros empañan dos de las cuatro paredes con sus óleos primaverales.
En otra pared, en pleno living de Rocío, cuelga un pizarrón verde pentagramado junto a un gran almanaque solitario del 96 clavado con chinches. El almanaque únicamente tiene la hojita de diciembre y una foto gigante de un chico que está sentado entre libros polvorientos. El pequeño se tapa la cara con ambas manos, posiblemente llorando.
En este universo que es el living uno mismo se siente un mueble, o un adorno, o cualquier otra cosa sin vida. Hay tres puertas en el salón: una da hacia un pasillo que lleva al interior de la casa, la segunda a un pequeño baño (cuya humedad sobresaliente impidió la colocación de artículos sobre esa pared) y la tercera, que en realidad es portón, es la que da a la calle.
Por ese portón de chapa negra oxidada entra todas las noches el auto que pierde aceite en el piso del living de Rocío. La mancha de aceite se ve que está fregada, y que los diarios nunca alcanzan para impedir que la negrura llegue al suelo, y eso que hay muchísimos diarios apilados en un rincón. Cada mañana la madre de Rocío deja el diario al principio de la pila, a veces sin leerlo, y por las noches lo agarra para desarmarlo inútilmente sobre el piso antes de entrar el auto. O sea que siempre utiliza el periódico del día.
Pero por esas rupturas de rutina el segundo diario de la pila es de hace ya varios meses, cuando en la tapa salió el identikit del único asesino serial que ha habido en esta ciudad. El artículo, en la página seis, asegura que pronto capturarán al homicida, que la policía lo tiene cercado y que los inspectores han descifrado el criterio de elección de sus víctimas. Sin embargo hasta el día de hoy no pudieron apresarlo y su historia tiene cada vez más forma de leyenda popular. El diario también describe minuciosamente el primer asesinato, dice que el homicida ahorcó con sus manos a Marcela (15) en una esquina desierta de la ciudad.
En esa misma esquina, en otra época, existió un negocio de rubro indefinido llamado El Capricho, que durante la dictadura militar fue incendiado por sospechas políticas. Siempre solía atender El Capricho detrás del mostrador la cara buitre de José, con sus ojos celestes y su nariz ganchuda. Harto, José, miraba hacia atrás para gritarle a un niño sentado entre libros polvorientos que se calle de una buena vez. El pequeño se tapaba la cara con ambas manos, posiblemente llorando.
Éstas, y muchas otras cosas, conviven desesperadas en el living de Rocío.
El living de Rocío no es como ninguno de esos lugares. En el living de Rocío el desorden hermético y las combinaciones ridículas son insoportables. Todo el tiempo busca provocarte con una estética torpe: cortinas que chocan con las paredes, floreros que no se entienden con los ceniceros, cuadros desequilibrados como espejos retrasados. Los objetos amontonados convierten al living en un universo casual que no precisa de leyes para existir y esta absurda organización es su ley.
Muñecas de porcelana sentadas en el último estante de la biblioteca con los piecitos colgando al vacío, una mesa debajo de un vidrio que transparenta teléfonos de pizzerías y rapimotos, el televisor encendido en cualquier canal, un póster de Juan Pablo segundo, una silla mecedora y enclenque, un jarrón con la cara del Che: nada tiene que ver con nada. Es tanta la tensión que algunas cosas parecieran tener ganas de huir de ese lugar.
Pero eso no es suficiente para la provocación, también está la araña colgando del techo, el sofá con gomaespuma amarillenta chorreándole, las plantas de plástico exageradamente grandes y verdes. Están las sillas de cuero de vaca donde se sienta la madre gorda de Rocío y me cuenta cómo la nena pintó ella sola los cuadros de flores, bueno en Las Rosas la maestra la ayudó un poquito, pero solo en algunas partecitas, no como a otros chicos que a esta altura del año todavía no saben ni agarrar el pincel. En Los Girasoles también me ayudó má, dice Rocío y sí porque sos chiquita, pero. Las Madreselvas, Lapachos Floridos, Las Margaritas, Los Jazmines: los cuadros empañan dos de las cuatro paredes con sus óleos primaverales.
En otra pared, en pleno living de Rocío, cuelga un pizarrón verde pentagramado junto a un gran almanaque solitario del 96 clavado con chinches. El almanaque únicamente tiene la hojita de diciembre y una foto gigante de un chico que está sentado entre libros polvorientos. El pequeño se tapa la cara con ambas manos, posiblemente llorando.
En este universo que es el living uno mismo se siente un mueble, o un adorno, o cualquier otra cosa sin vida. Hay tres puertas en el salón: una da hacia un pasillo que lleva al interior de la casa, la segunda a un pequeño baño (cuya humedad sobresaliente impidió la colocación de artículos sobre esa pared) y la tercera, que en realidad es portón, es la que da a la calle.
Por ese portón de chapa negra oxidada entra todas las noches el auto que pierde aceite en el piso del living de Rocío. La mancha de aceite se ve que está fregada, y que los diarios nunca alcanzan para impedir que la negrura llegue al suelo, y eso que hay muchísimos diarios apilados en un rincón. Cada mañana la madre de Rocío deja el diario al principio de la pila, a veces sin leerlo, y por las noches lo agarra para desarmarlo inútilmente sobre el piso antes de entrar el auto. O sea que siempre utiliza el periódico del día.
Pero por esas rupturas de rutina el segundo diario de la pila es de hace ya varios meses, cuando en la tapa salió el identikit del único asesino serial que ha habido en esta ciudad. El artículo, en la página seis, asegura que pronto capturarán al homicida, que la policía lo tiene cercado y que los inspectores han descifrado el criterio de elección de sus víctimas. Sin embargo hasta el día de hoy no pudieron apresarlo y su historia tiene cada vez más forma de leyenda popular. El diario también describe minuciosamente el primer asesinato, dice que el homicida ahorcó con sus manos a Marcela (15) en una esquina desierta de la ciudad.
En esa misma esquina, en otra época, existió un negocio de rubro indefinido llamado El Capricho, que durante la dictadura militar fue incendiado por sospechas políticas. Siempre solía atender El Capricho detrás del mostrador la cara buitre de José, con sus ojos celestes y su nariz ganchuda. Harto, José, miraba hacia atrás para gritarle a un niño sentado entre libros polvorientos que se calle de una buena vez. El pequeño se tapaba la cara con ambas manos, posiblemente llorando.
Éstas, y muchas otras cosas, conviven desesperadas en el living de Rocío.

8 comentarios:
pri!!!
Es inadmisible considerar al usuario anónimo precedente, como el primer comentarista de este blog sin más exploración que la que proporcionaría el mundo de la jerga infanto-juvenil. Sospecho que su intencionalidad trasciende la mezquindad de pretender ser el primero/a comentarista. Y válgame Dios!!! no es la brevedad de su comentario lo/a que lo desacredita como pionero, pues bien puede estar colmado de significados ese emblemático pri!!! Lo que me incomoda es que se preste a una inconmensurable ambigüedad. Pri puede ser una codificación de prístino, en cuyo caso estaríamos enfrente de alguien que derrocha pureza pero no excelencia ortográfica y semejante desliz es improbable en la mente de este genio/a de la brevedad (el anónimo autor de pri!!!)
O bien puede tratarse del primogénito no reconocido del anfitrión del blog, que reclama la obligación alimentaria paterna en forma enigmática.
Tanta multivalencia me inspira ese pri, que mis devaneos me condujeron a pensar que podría tratarse de un prisma metamorfoseado en "homo bloggens", un primo, un mensaje privado que aclara su caracter privado en forma reduccionista, un prisionero (quizá la idea más feliz de todas porque siendo así, los signos de exclamación serían los barrotes de la prisión)
Después lógicamente contemplé la posibilidad (no sin antes espantarme por la abismal multiplicidad de opciones)de que el mensaje antepuesto por esta mente, a estas alturas demoníaca, estuviera en un idioma extranjero y advertí que bien podría tratarse de un novato aprendiz de inglés que quiso decir "pretty" y sabiendo cómo pronunciarlo pero ignorando cómo escribirlo correctamente puso pri sin aclarar, el muy artero, si se trataba del pretty de "bastante" o del pretty de "bonita"
Es el pretty de bonita el que interrumpió mis delirios conspirativos para sumirme en una carrera de oportunismo viril. Si sos pri por pretty (bonita); David es mi nombre; Desvarío es mi apellido; Degustar vinos con fruición es mi hobby; Dilatar conversaciones insustanciales mi profesión y Defecar una necesidad que he postergado durante la redacción de este comentario por lo que debo Despedirme.
Cuento interesante,
como si lo escuchara salir de su boca en el preciso momento en que lo leo.
Muy real,
como si estuviera en el lugar del escritor.
Me pregunto si realmente lo vivió, o si fue creación de su imaginación.
Narración directa, pero con palabras justas que hacen sentir como si uno formara parte de ella.
ooooo y xxxxx
podrias tener huevos y publicar tu foto en "tu blog"?
miguel
No es un blog de fotos, es un blog de relatos.
Vos también podrias firmar cuando dejas un post por ejemplo.
bastante interesante.....
Hola maicol..Soy Danny...te felicito por tu pag..tiene toda la onda..!!
el living de rocio está buenisimo sobretodo por el narrador que se siente un mueble, y después hace una investigación minuciosa del segundo diario de la pila. Siempre muy graciosos lo que me alegra no sólo porque me hagan reír sino porque hay poca gente que escribe con humor hoy en día.
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